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MARCELO SILI

Geógrafo, investigador científico del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), Profesor universitario en Argentina y en diversos países de América Latina y Europa.

Principales temas de trabajo:

  • El análisis de las dinámicas territoriales en América Latina, con especial énfasis en la transformación del mundo rural latinoamericano, el éxodo y el renacimiento rural, la acción territorial y los modelos de gobernanza territorial.

  • El diseño y la implementación de estrategias y proyectos de desarrollo territorial, con énfasis en iniciativas participativas y multiescalares con gobiernos locales, regionales y nacionales.

  • La creación de mecanismos para la gestión territorial, incluyendo dispositivos de planificación, evaluación y seguimiento de proyectos, y modelos organizacionales para la gestión y la gobernanza del desarrollo.

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El desequilibrio territorial, política pública ausente.

Los profundos desequilibrios territoriales de la Argentina no sólo no han podido ser resueltos, sino que se han ido amplificando también en términos de oportunidades de desarrollo humano y calidad de vida. Así, las oportunidades de un jóven en el chaco salteño o en la meseta patagónica no son las mismas que las de un jóven que habita en Buenos Aires u otra ciudad pampeana, estos desequilbrios hoy afectan al desarrollo de estos lugares marginales, pero actuan también como factores que aceleran nuevos procesos de desigualdad.

Frente a estas problemáticas, el país no ha tenido una política eficaz y sostenida de planificación y organización territorial; por el contrario, han sido mayormente la inercia de los procesos locales y el mercado los que fueron organizando y estructurando el territorio en función de la demanda de nuevas tierras para la producción agropecuaria, o el avance urbano, lo cual se realiza sin una visión de conjunto del territorio y sin estrategias claras de organización y ordenamiento del territorio. Dentro de este contexto de avances y ocupación territorial, el sistema nacional de planificación es inexistente o, en el mejor de los casos, muy débil.

Un elemento clave que afecta la construcción de mayores equilibrios territoriales en Argentina es la fragmentación y desarticulación de iniciativas de planificación y gestión territorial entre diferentes organismos y actores del mismo nivel político  administrativo, como tambien entre los diferentes niveles político-administrativos (nación, provincias y municipios). Así, las iniciativas de carácter territorial están distribuidas en múltiples y diversos organismos (a nivel nacional, provincial como municipal), los cuales trabajan en paralelo sobre temas similares, compartiendo el mismo territorio de acción, pero operando en forma autónoma e independiente. Esto se agrava por el hecho que el sistema político funciona con estructuras administrativas heredadas de las décadas de los 40 y 50, caracterizadas por una lógica estatal jerárquica y vertical, con pocos mecanismos de articulación al interior de los ministerios, secretarías o direcciones, viéndose limitados tanto el trabajo coordinado como la colaboración mutua. Dentro de este contexto de fragmentación de la problemática, los proyectos de carácter territorial se transforman en una arena de disputas, en la cual distintos actores políticos intentan posicionarse y construir su poder y sus proyectos de futuro. Así, la problemática territorial no es atendida como un tema clave de las políticas públicas, sino que es utilizado como un pretexto para construir poder y escalar posiciones en la esfera política.

A esta fragmentación político institucional se le suma la carencia de un marco legal que sustente políticas y estrategias territoriales. Así, si bien la Argentina ha avanzado en la definición de un Plan estratégico territorial, carece de una Ley Nacional de Ordenamiento Territorial, por lo cual no es posible sostener ninguna propuesta operativa de planificación y gestión territorial a largo plazo. Pocas provincias han avanzado en estrategias coherentes con marcos legales y estructuras técnicas capaces de llevar adelante políticas y proyectos territoriales de largo plazo.

Todas estas dificultades y la carencia de una estrategia clara y sistemática de organización territorial a nivel nacional, capaz de generar nuevos equilibrios, no sólo afectan el presente del territorio, sino que continuan hipotecando el futuro de territorios y paisajes en todo el país.

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