A partir de la década del 90 se ha producido en la Argentina una profunda crisis rural, entendida ésta como una ruptura histórico-espacial del modelo de desarrollo rural vigente. Esta crisis se manifiesta por la amplificación del proceso de concentración de la tierra, el éxodo y el despoblamiento rural y la marginación social en áreas rurales y en áreas urbanas receptoras de la población rural, así como la emergencia de nuevas formas de producción y de gestión territorial más agresivas contra el medio ambiente.

Desde el punto de vista social, estos procesos son vivenciados de manera muy diferente por los actores del mundo rural. Para algunos actores los procesos de cambio y transformación productiva y territorial son temas de gran preocupación en tanto ellos viven directamente las consecuencias del mismo. Tal como afirma un productor:

“Yo creo que los pueblos y el campo tienen que mantenerse, si no, ¿qué hacemos con toda la gente que vive en el pueblo o en pueblos como éste?. No nos podemos amontonar todos en la ciudad, hay que buscar un equilibrio. Tal vez económicamente sea más rentable para el país que la gente viva en las ciudades grandes, pero nosotros somos de acá y queremos vivir acá”.

En el sentido opuesto muchos perciben esta transformación del territorio como un producto natural de la lógica económica de extensificación y de cambios de escalas productivas y territoriales. La identidad por el lugar y el mantenimiento de los pueblos es para ellos una mera cuestión sentimental que no concuerda con la necesidad económico-productiva del sector agroexportador. La opinión de un empresario de la región pampeana ilustra esta situación.

“Los pueblos chicos tienen que desaparecer, porque no tiene sentido que sigan existiendo. Es mucho más barato construir servicios en las ciudades y en los pueblos grandes que en esos pueblitos que no tienen vida. Hoy en día con las posibilidades de transporte es mucho más fácil ir al campo en poco tiempo, las rutas no son lo mismo que antes. Creo que en un momento u otro se tiene que concentrar la población en algunos lugares. Total, siempre habrá alguien para trabajar la tierra”.

Entretanto, a nivel de actores políticos la crisis que afecta al mundo rural es crucial. Los sindicatos agrarios retoman el tema del mantenimiento de la estructura territorial, de los pueblos y de los habitantes rurales como elementos centrales en sus discursos. Así, gran parte de las discusiones de las políticas agropecuarias giran en torno al mantenimiento o no de la estructura territorial y de la permanencia de la gente en el medio rural.

Paralelamente, el discurso científico, social y político en torno al mundo rural ha cambiado radicalmente en los últimos años: el discurso técnico o agrarista, centrado en la productividad agropecuaria y los mercados, se transformó en un discurso ruralista.

En efecto, en la Argentina ha primado desde hace décadas una visión y un enfoque del mundo rural netamente sectorial y agrario, los temas analizados y considerados de importancia han sido los modelos de producción agropecuaria, la tenencia y ocupación de la tierra, los cambios tecnológicos del agro, los actores sociales del agro, etc. Podemos decir que se trata de un discurso técnico o agrarista, centrado en la producción agropecuaria, los mercados y los actores. En caso de existir investigaciones de corte social, históricos o antropológicos, los mismos estaban siempre subordinadas al agro y no se analizaban otras categorías sociales que no estuvieran directamente vinculadas al mismo. En otras palabras, la producción técnica y científica siempre estuvo condicionada y determinada por una actividad sectorial: la agricultura y ganadería. Estos estudios no pudieron avanzar en una visión rural debido a la falta de una concepción territorial de la agricultura y del complejo productivo.

Todo este discurso que predominó en la Argentina de las últimas décadas se fue transformando en los últimos años en un discurso ruralista donde la preocupación principal es el mantenimiento del tejido social rural, del medio ambiente, la vida en los pueblos, la calidad de los servicios rurales y la diversificación productiva. La emergencia de esta concepción tiene que ver también con dos hechos fundamentales: en primer lugar la visión de que los problemas agrarios no tienen resolución dentro de un territorio en crisis, esto es, que no hay soluciones técnicas ni agropecuarias para un territorio en declinación, las soluciones deben estar basadas en la valorización integral de los territorios rurales, en segundo lugar y relacionado con el punto anterior, se comienza a comprender el funcionamiento del territorio como un sistema en donde todas las variables están articuladas y condicionadas mutuamente, esto implica una revalorización de lo territorial como dimensión de la sociedad que es necesario considerar como eje central de toda investigación y propuesta de desarrollo.

Estas nuevas orientaciones no son específicas de la Argentina. Los países industrializados vienen elaborando desde hace varias décadas un discurso y una política global para el mundo rural considerando a este último como un factor de equilibrio territorial y social para el país. Esto explica las fuertes inversiones realizadas para sostener el estrato de productores familiares, y las políticas destinadas a conservar el equilibrio ambiental y el patrimonio cultural del medio rural. En última instancia estas medidas explicitan la preocupación política y social por la permanencia de las sociedades rurales.

Sin embargo, para poder consolidar políticas que apuntalen el desarrollo de los territorios rurales es necesario cambiar el discurso sobre el desarrollo del interior del país, y dejar de pensar en producción agropecuaria para pensar en políticas territoriales más amplias y sistémicas, donde el concepto de territorio rural sea un eje estructural.

Un desafio de corto plazo en Argentina implica entonces pensar los territorios rurales, no sólo como espacios productivos, sino como territorios vivos y dinámicos que necesitan políticas específicas e innovadoras que vayan más allá del apoyo a políticas sectoriales ligadas a la producción agropecuaria.